Archive for September 28, 2007

Life as a casino

~ Perdido y desorientado, en busca de algún reloj, me topo con una dulce señorita, disculpándome con ella y aceptando mis disculpas procedimos a charlar. ~

- Estaba distraído mirando las paredes, pero no encuentro ningún reloj.
· Es normal, es para que no sepas cuando tiempo te queda, o cuando tiempo ya llevas aquí.
- Ahora lo entiendo, gracias por la aclaración.
· No, de nada. ¿Estás solo?
- Sí, pero ya encontré lo que buscaba.
· Ok. Acompáñame.
- ¿A dónde me llevas?
· Al cuarto de la realidad, ¿a dónde más?

~ Lo agarra de la mano, y se lo lleva hacia un cuarto separado de todos los demás. Él con cara de preocupado no se resiste y entra al mismo viendo que dos jóvenes con una gran sonrisa se estaban retirando a gran velocidad ~

Perdón, ya nos íbamos, (y se iban alejando cada vez más, ya su voz no se escuchaba) nos tocó el número que no podíamos decir porque… (y finalmente se dejaron de escuchar esas voces tan alegres)

- ¿Qué hacemos acá?
· ¿Por qué me chocaste?
- ¿Qué tiene que ver? Expliqué que fué sin querer.
· Nada es sin querer.
- Si tú lo dices…
· Sí, vamos a jugar.
- ¿A jugar? ¿Acaso estás loca?
· Sí. ¿Y tú?
- No lo sé.
· Lo estás, porque has seguido mi juego, y ahora deberás acabarlo.

La dama prende una luz y se ilumina una mesa de juegos, una ruleta y una mesa con fichas para apostar. Las fichas tenían valores, y siluetas de corazones ~

- Si querés jugar, juguemos, yo no tengo nada que perder.
· Si así lo piensas, juguemos.

Horas, días, semanas, dos semanas pasaron él y ella allí dentro. Cansados de todo, pero no de jugar:

- No tengo idea hace cuanto tiempo estamos jugando
· Mmmm, creo que dos semanas.
- No puede ser. ¡Me pareció una eternidad!
· Sí, a veces pasa, es la segunda vez que me entretengo tanto con un ser humano
- Comienzas a asustarme cuando hablas así.
· Sí, lo que no entendemos asusta.
- Ahí sí concuerdo con vos. He pasado tanto tiempo acá, que me di cuenta que mi mente es una ruleta.
· ¿A qué te refieres?
- ¿Cuántas posibilidades hay de que caiga un cero?
· Pues, no lo sé.
- ¿Cuántas posibilidades hay de que te diga que te amo?
· La misma posibilidad de que yo te lo diga a tí. Y supongo que la misma que de que caiga el cero, ¿verdad?
- Exacto. La canica pasa por todos los números, como mis palabras por mi mente, y gira a gran velocidad causando despistar a quien lo ve, como mi mente, ¿cuándo pienso sabés lo que pienso?
· No soy psíquica, pero intuyo qué es lo que piensas cuando me miras a los ojos.
- ¿Y qué es lo que piensas cuando tu me vez?
· Lo mismo que creo que vos pensás de mi.
- ¿Y por qué no lo dices?
· No estoy segura de si los dos pensamos lo mismo.
- ¡Pero si es obvio!
· Lo sé, pero me da miedo.
- Yo estoy esperando a que la canica caiga en un cero.
· Entendí toda tu comparación, pero nunca hablaste de los valores de los números.
- Es fácil, cada número son frases que pasan por mi mente, y siempre trato de que alguna de mis frases se detenga en el cero, así puedo decirlas.
· ¿Pero no tienen todos los números la misma probabilidad de caer en el cero?
- Demasiadas preguntas.
· Lo sé, pero me intriga.
- Nosotros hace dos semanas que estamos acá, y nunca te vi dejar una ficha sobre el cero.

~ Comienzan a reír, y se detienen repentinamente ~

- Si sale cualquier otro número, seguramente alguno de los dos gane, pero si sale el cero seguramente los dos obtendremos los mismos resultados.
· Aps, así claro…
- Y bueno, hay cosas que he querido decirte desde que me tomaste de la mano, y no me he animado, porque uno cuando siente que le falta algo, lo busca desesperado inconcientemente, y a la primera persona que le ofrece justo todo lo que le falta, piensa que lo encontró, y bueno, es fácil confundirse así.
· Me estás asustando.
- ¿Por qué?
· Me has sacado las palabras de la mente, y nunca han logrado hacerme eso.
- De eso es de lo que estoy hablando.

~ Comienza a hacer girar la ruleta compulsivamente mientras se miran a los ojos ~

· Arriésgate, no vas a perder nada en decirme lo que sientes por mí.
- Lo sé, es más, creo que perdería todo si no lo dijera.
· Así es.
- Pero no puedo si vos estás acá mirándome, ansiosa a ver como muevo mis labios y libero sonido de mi boca.
· No hay otra manera. Y quiero que sea ahora.

~ Estaban alejados, ella tira la ruleta una última vez, y a medida que la canica avanzaba cada vez más rápido, sus corazones también lo hacían ~

- Te aprecio.
· Yo también.
- Me encantás
· Vos también. Te quiero, para mí, ahora y siempre.
- Así será.

~ Finalmente cerca, se toman de las manos, se miran a los ojos y al escuchar que la ruleta se iba deteniendo, nervioso, él, la besa apasionadamente sellando su aprecio con un fuerte y rico abrazo.

Reinaba el silencio, la canica vacilaba sobre los últimos números para posarse en uno final, el cuál ya no importaba, porque ellos ya estaban dentro del juego y no iban a dejar de jugarlo. En el mismo momento en el que la canica elegía su último número, ellos abrazados, se susurraron al mismo tiempo al oído:

“Te amo”

Tomados de la mano, miraron la puerta que se abrió. Se apagaron la luces, ordenando las fichas y retirándose hacia la única salida a gran velocidad se da cuenta de que no le salía ninguna palabra a ella, pero con coraje dice:

¿Querés decirme algo?
· No, que…no nos fijamos cuál fué el último número que tocó.
- Ya no interesa, ¿verdad?
· Es verdad, perdón.

~ En ese momento observan que se acercan dos jóvenes algo confundidos, y él contento les dice: “Ya terminamos, pasen tranquilos, no sacamos ningún cero, aunque no nos fijamos en el último giro de la ruleta, pero ya no interesa, yo de mi mente saqué uno”.

Los dos jóvenes más confundidos todavía, ya que trabajaban en el casino, mirando como se alejaba la pareja que recién acababa de mencionar que no habían logrado sacar un cero, riéndose entran al cuarto, y con cara de sorprendidos miran el cuarto, la ruleta y las fichas. ~

Joven empleado: No es la primera vez que alguien que no trabaja aquí ordena este cuarto, pero de todas las veces que nos ha pasado esto, esta es la más rara.

Jóven empleada: Si el jefe se entera, nos va a echar, nosotros deberíamos mantener este cuarto cerrado bajo llave, la ruleta anda muy mal. ¿Y por qué dices que es la más rara?

Jóven empleado: Ordenaron hasta la ruleta.

Jóven empleada: Pero si la ruleta no se ordena… a menos que te refieras a la canica. ¿Dónde la dejaron?

Joven empleado: “En el cero”.