Han vuelto esas ganas de nada, por suerte siempre se mantienen en pie las ganas de “inmortalizar” como me voy sintiendo, y espero que perduren para siempre.
Esta vez escribo para contarte que desde que ella se fué estoy varado como antes, y me atrevería a decir que un poco más, ya que cuando no la tenía no estaba ni bien ni mal, y ahora que la tuve y no está, yace en mi cuerpo un pequeño espacio que se abrió el día que la conocí. Ese espacio se mantiene vacío, aunque de vez en cuando trate de llenarlo con ilusiones…pero sólo son ilusiones.
No es a tí a quién extraño, si no a mi mismo contigo, a esa maldita sonrisa tonta y perdida que reflejaba mi espejo cada mañana que me levantaba. ¡Cómo extraño levantarme temprano!
Las situaciones que creí haber eliminado de mi cuerpo han vuelto a surgir, y cada vez con más frecuencia. Odio dormir solo, no quiero acostarme, está vacía mi cama.
Sigue en mi mente la frase “el que busca no encuentra”, y mi respuesta sigue siendo la misma, “Si todos creyéramos en ello, nadie encontraría a alguien”, además yo no soy de esas personas que pueden estar “sentadas esperando” a que “algo pase” y luego actúen, yo soy más bien de las que hacen que “algo pase”, no puedo no hacer algo. Sin embargo mi postura tiene algo negativo, “el buscar algo con tanta pasión” crea falsas “ilusiones”, y sí, no es ningún progreso, es más, me retrasan, lastiman y son más jugadas de esta maldita ruleta que no para de girar.
Extraño lo que alguna vez prometí no extrañar, odio lo que alguna vez sentí.
Cada día es más difícil volver a redactar, temo de que”todo se vuelva monótono como lo que más odio”, y hoy mi pobre redacción termina acá, escrita en papel para ser pasada en computadora, mientras reflexiono y soplo las pocas cenizas de una mesa alejada de todo, en la cafetería de mi facultad.