Siempre me había interesado todo lo prohibido. Pero que me interese no significa que haga todo lo prohibido, pero yo sabía que ese día iba a terminar con un doloroso aprendizaje.
Levanto el teléfono, marco, y al escuchar la voz excitante de una señorita hago el pedido del coche que me llevaría al principio de un final que no tiene fin.
Me despido de mis padres, como siempre. Controlando si estaba todo me subo al remis que hacía ya un rato me estaba esperando en la salida de mi hogar.
Con un “Buenas noches” y una sonrisa ingreso al automóvil, y le dije que haga una parada en Acuario, así compraba cigarrillos. Bajé del auto una vez pagado el remis, compré los cigarrillos.
Me decidí a caminar, sabía hacia donde caminaba, pero no quería ni pensar en lo que iba a hacer, porque sabía que estaba sacándome una gran duda, y estaba rompiendo muchas promesas, estaba decepcionando a muchos amigos, y también que tenía muchas cosas más en mente que aún no recuerdo.
Había llegado a mi destino, estuve ahí un rato. Me levanté medio confundido y continué con mi recorrido. No sabía bien que había hecho, pero lo que si sabía, es que lo había hecho y bien. Un mareo incontrolable se incorporó de repente, causándome dolor en todo el cuerpo. Mi corazón comenzaba a latir cada vez más y más fuerte, gritaba libertad!. Daba la impresión de que no me quería más, y quería liberarse de mí para no sufrir más, tal vez para irse con alguien que no lo maltrate tanto como yo, no lo sé. Pero lo que si sé es que nunca en mi vida había sentido tal dolor general.
Comencé a correr en dirección a lo de mi amigo RO Siempre antes de llegar a su casa, para no despertar a sus padres al tocar timbre, llamo a su celular y lo dejo sonar 3 veces. Él al oír su celular sonar, espera a que yo corte mientras se dirige hacia la puerta. Si no deja de sonar es que me tiene que atender, pero normalmente dejaba de sonar. Excepto esa noche, sábado si no
mal recuerdo.
La calle se estiraba cada vez más y me dio la impresión de que no iba a llegar nunca. Me paré en la esquina cuando llegué, y vi un auto a lo lejos, decidí esperar a que pase. Lo venía siguiendo con la vista, pero de repente el auto se desvaneció como un fuego artificial en año nuevo. Miré hacia el otro lado, y el auto había avanzado ya media cuadra y no había ni reaccionado en todo ese
tiempo. Un miedo tremendo. Me decidí a llamarlo. Me atendió y cuando le expliqué lo sucedido, salió corriendo de su casa preguntándome donde estaba. Lo último que me acuerdo de esa escena es que él venía corriendo con cara de preocupado y muchas ganas de ayudarme. Me llevó a su casa y dejamos algunas cosas y nos fuimos a caminar al rededor de la clínica a pedido mío.
Había llegado la hora del delirio. Se me antojó ir a la AM PM a comprarme una coca y un alfajor, porque “lo dulce me va a sacar el mareo”. Recuerdo que entraba y salía, porque los cambios de temperatura me daban unos mareos que me hacían volar, entonces para evitarlos me quedaba en la puerta, con la puerta abierta. Pero no duró mucho, mi corazón se detuvo y un silencio partió el tiempo
a la mitad. Con un repentino grito: “Me voy a morir!”, fuimos urgentemente hacia la clínica más cercana, el Policlínico.
Al ingresar todo empezaba a cambiar. Sentía una tranquilidad, pero también tenía más seguridad en lo que me iba a pasar, me iba a morir, solo pensaba en eso. Los dos que atendían en recepción con una cara de soberbios clavaron la mirada en mí. La conversación que tuvimos…fue algo…fue una mierda. No me creían, eso fue lo que más me molestó.
Hombre 1: Ajá…y… qué me dijiste que sentías?
Yo: Que me va a agarrar un ataque al corazón.
Hombre 2: (Se ríe disimuladamente).
Hombre 1: Se ríe y disimula tapándose con la mano.
Yo: ATIENDAME POR FAVOR, TÓQUEME EL CORAZÓN, MIRE!!!.
Hombre 1: No no, yo no quiero tocar nada…
Hombre 2: Levanta los hombros como diciendo: ¿Qué querés que le haga?
R: Está muy descompuesto mi amigo, por favor ayúdenlo.
Hombre 1: Bueno…a ver…dame tu nombre…
Yo: ee…ma..Matías…Ré…
Hombre 1: ¿Edad?
Yo: (Me quedo sordo, pierdo la vista y la conciencia, trato de reincorporarme
concentrándome y haciendo una fuerza con la mente incontrolable)
Mientras…
R: 17 (se voltea y me ve desvaneciéndome contra la pared)
Hombre: ¿Obra social?…
Yo recuperándome: EH?, QUE?, QUE SE YO!..
R: PERO NO VE QUE ESTA MAL!, ATIENDALO YA!, DESPUES ARREGLAN TODO!
Hombre 1: bueno está bien, pero después le cobro la consulta…
R: Después hace lo que se te cante, ahora atiéndalo antes de que le pase
algo…
En ese momento comencé a caminar porque el cuerpo se me dormía.
Minutos después…llega la enfermera.
Con cara de NADA, pregunta a quien tiene que atender. Creo que era medio obvio, yo estaba dando vueltas en círculos amarrándome el corazón, y RO preocupado mirándome, pero bueno, eso no viene al caso.
La enfermera me llevó a un cuarto, me preguntó que me pasaba y le dije que me había mandado una cagada. Y me preguntó que sentía, le conteste: “Me voy a morir”, y ella solo sonrío diciendo: “No seas sonso!”. Cuando le dije que me toque el corazón su sonrisa cambió, su cara no era la misma. Media nerviosa tomó el estetoscopio y mientras más cara de sorprendida ponía al escuchar mi corazón, más fuerte me apretaba la mano. Llamaron al Dr., era cuestión de minutos y llegaba.
No tenía noción ni donde estaba, me estaba olvidando de todo (amnesia temporal). Mientras estaba con la enfermera y sentía que todo iba a empeorar, Raúl llamaba a mis padres. El doctor llegó, me analizó, me hizo una serie de preguntas que no fui capas de responder. Al ver mi estado me dic oxígeno. Podía ver temor en sus ojos, se estaba enfrentando a algo desconocido. Pero sus ganas de ayudar sobrepasaban cualquier temor.
Llegaron mis padres. En esos momentos estaba con convulsiones, cuando le conté a mi madre lo que había hecho y el doctor le contó todo lo que le había dicho previamente se fueron a fuera y mi madre volvió con una cara diferente. Hablaron con mi padre y él también. Desde ese momento sabía que corría el peligro de morir, yo pensaba que en realidad “ya estaba muerto”, que lo que me
estaba pasando era PRE-mortem, y nadie me quería decir nada para no asustarme.
Sonrisas falsas, cariños falsos, me daban tranquilidades pero para mí eran más tranquilidades de que iba a morir. Y pensé que habían perdido la fe en mí. Veía que todos conversaban y yo no escuchaba ni entendía nada, solo veía todo borroso, sentía que flotaba y que mi cuerpo se estremecía de una manera imparable. Mi padre miraba los 5 centímetros que dejaba de espacio entre la camilla y yo con las convulsiones. Decidieron llevarme al hospital.
No sé si fue en la clínica o en el hospital, pero recuerdo que cuando podía escuchar, y tenía todos los sentidos agudizados, escuché que un doctor le decía a mis padres que estaban en un pasillo, que yo quedaba seguramente en coma, o me agarraba un ataque al corazón, y con esas dos posibilidades era obvio que la posibilidad de perder la vida no era descartada.
Fue todo tan rápido, cerré los ojos y sentí al rededor de 9 pinchazones, los abrí y me habían sacado muestras de sangre, me habían conectado suero y tenía un equipo de profesionales a mi lado mientras otros profesionales se contactaban con el equipo de toxicología de la plata. Todos reunidos para salvarme la vida.
Me olvidaba de respirar, no me acordaba de nada. No existía ni el futuro, ni el pasado. Solo existía el presente. Solo recordaba que tenía que respirar, no había tiempo para preguntas.
Nunca había tenido tantas ganas de terminar con el dolor, suicidarme era una posibilidad, pero no podía moverme, siquiera podía hablar. Se me cruzó por la mente pero ni lo hubiera intentado. Podría haber cerrado los ojos y ya, pero no me iba a dejar ir tan fácil. Tenía amnesia pero mi corazón seguía en pie. No iba a hacer sufrir a toda la gente que me quería, y me quiere, solo por parar mi sufrimiento, al fin y al cabo el sufrimiento era mi paga, era mi condena, era mi lección.
No quería dormir. Pude orinar y me salvé de la zonda. Vino un doctor con una máquina, me conectó una pinza grande en los pies, otra en las muñecas, y una sopapa de metal en pecho, cerca del corazón. Previamente a esas partes las había mojado en alcohol. Supuse que me darían descargas eléctricas, pero no fue así. Me estaban realizando un electrocardiograma. Tenía miedo de mirar la
pequeña “agujita” que iría marcando con tinta las palpitaciones de mi corazón, pero ya no me importaba eso, y me puse a mirarlo. Me aterró ver la velocidad con la que trabajaba eso, y ver que el papel en el que se escribía era una marca negra. El médico me miraba con cara de preocupado y llamaron al de terapia.
Perdí la conciencia, pero estaba despierto. Nunca me dormía, no quería dormir, no me quería rendir, estaba constantemente haciendo una gran fuerza mental, y movía mi cuerpo para no dejarme ir. Yo podía vivir, yo iba a salir adelante.
Estuve una eternidad mirando el techo, agarrado de la mano de mi madre, hasta que me dijo: “¿Vamos a casa?”, yo seguía con taquicardia, pero me quería ir de ahí. Estaba muy cansado. Llegué a casa, y el calor de la misma me provocó sueño, estaba más tranquilo…estaba en casa. Llegué a las 11.00 de la mañana del día Domingo si no mal recuerdo, y el acontecimiento había comenzado a las 11.00 de la noche el sábado.
Desperté. Esa tarde fui al colegio. Aún seguía mareado. Aún hoy, jueves sigo mareado. Y hasta ahora, todos los días a las 11.00 de la noche me agarran taquicardia y el mareo insoportable que me nubla el pensamiento.
El miércoles vino uno de mis mejores amigos, M. Me dijo que me iba a cagar a pedos, y lo hizo. Hasta ahora él fue el único que se animó a echarme todo en cara – los demás sé que tienen ganas, o que tuvieron en su momento. Ganas de pegarme, de preguntarme porqué lo hice!?!, de putearme, de comprenderme, ganas de tantas y de ninguna… – él me hizo reflexionar, me apoyó, me dio consejos, me hizo llorar, me hizo entenderlo, y es gracias a él, a Raúl, a los médicos y a mis otros amigos, que hoy día valoro más mi vida aunque no lo demuestre.
La oportunidad que me dieron es muy grande y no puedo desaprovecharla.
A mis amigos: Sé que los abandoné, sé que no les conté que me pasaba, sé que los ignoré. Pero ustedes fueron los que se preocuparon por mí, ustedes fueron los que llamaron para ver como estaba, ustedes fueron los que le avisaron a todo el mundo de mi estado, los que no lo podían creer, los que fueron al hospital y a la clínica, los que vinieron y no van a parar de venir a visitarme. Ustedes son mis amigos.
Perdón por no haber usado de ustedes, me he comportado como un gran idiota. Quiero pedirles perdón, y liberando una gran cantidad de lágrimas en estos momentos, les quiero decir que los quiero, y que estoy aquí, en pié, escribiendo esto, valorando más mi vida gracias a ustedes, mis amigos.
Ustedes me salvaron la vida.